Delegaciones de Puerto Montt, Puerto Varas, Calbuco, Frutillar y sectores rurales se reunieron en la Parroquia San Pablo desde las 14:00 horas para compartir las Fiestas Patrias en una jornada marcada por la bendición pastoral, el folklore, el afecto y la comunión fraternal.
En un ambiente desbordante de alegría, vitalidad y fraternidad cristiana, el Gimnasio de la Parroquia San Pablo de Mirasol se convirtió en el punto de encuentro para más de 200 personas mayores provenientes de diversos rincones de nuestra arquidiócesis. La jornada, realizada este sábado 12 de septiembre desde las 14:00 horas, comenzó con la bendición inicial del Padre Jorge Pérez, quien puso el encuentro en manos del Señor y renovó el llamado a reconocernos como hermanos y guardianes de la memoria de nuestras comunidades.
Unidos en la fe y la fraternidad desde cada rincón
El encuentro destacó por su carácter participativo y su profunda vivencia comunitaria. Hasta Mirasol llegaron delegaciones de sectores urbanos y rurales como Puerto Montt, Puerto Varas, Llanquihue, Calbuco, Frutillar, Las Quemas y Nueva Braunau. Esta amplia concurrencia reflejó cómo la fe y la fraternidad traspasan fronteras locales cuando nos mueve el deseo sincero de caminar juntos.
Durante la tarde, los asistentes disfrutaron de un nutrido programa que incluyó:
- Oración y bendición: La invocación del P. Jorge Pérez, que encomendó la vida de nuestros mayores y dio un sentido pastoral al reencuentro.
- Expresión cultural y folklore: Presentaciones de música en vivo que invitaron a la alegría del baile y a celebrar la identidad de nuestra tierra con gratitud.
- Mesa compartida: Espacios para degustar la comida típica, propiciando la conversación sincera, la calidez y el afecto fraterno.
- Dinámicas de integración: Actividades lúdicas diseñadas para promover la participación activa, el bienestar y la comunión de todos los presentes.
Vínculos sociales y fe que fortalecen la esperanza
Desde la perspectiva de la Ecología Integral y la fe católica, el cuidado del prójimo exige poner en el centro la dignidad humana que Dios nos ha regalado. No se trata solo de asistir, sino de testimoniar el Evangelio en el servicio recíproco, recordando las palabras del Papa Francisco: nadie se salva solo.
Este hito cobra un sentido aún más profundo en el marco de nuestra misión eclesial: 70 años de compromiso con el desarrollo humano y la ecología integral. La resiliencia de nuestro pueblo se nutre de la oración compartida y del encuentro comunitario, donde la fe viva de las personas mayores nos enseña que el amor de Dios se manifiesta en la solidaridad diaria y en la esperanza que construimos juntos.